Pirámides

Written by Transformandonos
Tikal, 18 mayo de 2018
La mística de las estrellas, cuyo orden se repite, es probablemente el fenómeno que más ha fascinado a las civilizaciones antiguas. Se erigieron pirámides en Egipto y, un océano más acá, en Tikal, como lo hicieron a lo largo de toda La Tierra. Tikal es un reflejo zodiacal, es decir, de las constelaciones que recorre el sol a su paso, y de los planetas.
Este imponente macro complejo está en su mayor  parte (80%) sin excavar. Han sido conscientes y hacen las cosas despacio. También aprovechan el dinero de las visitas para conservar, investigar, consolidar y descubrir el fabuloso patrimonio que tienen.
Nos adentramos en Tikal de madrugada. El objetivo era ver la salida del sol sobre la selva desde la pirámide 4. La más alta construcción precolombina.
Desgraciadamente eso sólo pasa en noviembre y diciembre. Eso sí, las agencias venden tours para ver amanecer todo el año. (En fin…)
Desde luego fue una opción acertadísima (pese a los 100 Quetzales extra a la entrada, el transporte y el guía que pagamos) viendo la marabunta de turistas que llegaron después. Podíamos fotografiar al Gran Jaguar y Las Máscaras solos. También vimos aves fantásticas (tres tipos de tucanes, cinco de loros, halcones, águilas, varios tipos de monos…) Y en general disfrutamos de un lugar idílico con tranquilidad, aprovechándolo al máximo.
Por todo Tikal (y todo Guatemala) se conservan pequeños altares para las ofrendas y los rituales ancestrales. Porque Guatemala es historia viva de las tradiciones mayas. Y parte de su población sigue considerándose, con razón, maya.
Se conoce a Tikal como La Ciudad de las Voces. Y cuando se está allí se comprende porqué. Los monos aulladores (aterradores si no se sabe lo que son) te reciben con sus gruñidos. Es la primera sacudida de la selva. En la plaza principal sucedió uno de los momentos más mágicos. El guía que nos llevaba nos emplazó a escuchar las voces de la selva. Después nos descubrió la sonoridad de la plaza dando cinco palmadas que las pirámides devolvían imitando el sonido del quetzal (como una chova o una grajilla en España). Justo al acabar la última palmada con su consiguiente eco, un mono gruñó una sonora exhalación profunda, como si respirara la selva. Quedamos mudos. He escuchado respirar a América Latina con el canto de los grillos llegando en acompasadas oleadas, o con su mar Caribe mientras llegan a descansar las olas a la orilla. Si uno está receptivo puede oírla respirar, susurrar. Pero nunca con tanto poder y la fuerza como en Tikal. Y eso los mayas lo saben muy bien.

Iván.

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