Comunicación con los niños y niñas (saber hablar pero también escuchar)

Written by Transformandonos

La verdadera comunicación, la comunicación directa, la comunicación asertiva es aquella que trasmite un mensaje de una forma clara y directa, y explica a la otra persona lo que realmente quiere sin sobreentender nada.

He leído y estudiado tanto sobre comunicación en mi vida que, al escribir lo anterior, pareciera que son palabras banales, que se sobreentienden, que no aportan nueva información a nuestras vidas. Pero, poniendo el foco en la comunicación con la infancia, me pregunto si realmente las tenemos presentes a la hora de dirigirnos a nuestros peques. Palabras impulsivas, cargadas de ataque, apelación, evasión, confrontación, sermones… es lo que trasmitimos cuando algo no nos agrada o nos sobrepasa. Así que, vamos a empezar desde el principio. Si queremos cambiar el tono de reproche por cercanía, reconocimiento y empatía tendremos que adquirir herramientas comunicativas no solo para saber hablar sino también para saber escuchar.

Como ya sabes existen diferentes tipos de comunicación:

Además de la palabra tienen también una importancia decisiva la entonación y el lenguaje corporal. Estos tres elementos deben estar en armonía entre sí para que la comunicación tenga éxito.

Cuando son bebés basta con tener una expresión cordial y un tono claro y afectuoso, el contenido es secundario. A partir de los 6 meses de vida va siendo cada vez más importante usar un lenguaje y un tono más matizados, porque van conociendo nuestras emociones, nuestros estados de ánimo y van apropiándose de nuestro lenguaje. Las criaturas no sólo están aprendiendo normas de la familia o reglas sociales sino que comprenden cómo somos, qué nos gusta y qué nos disgusta.

Tener en cuenta la competencia lingüística de los/as peques a los/as que nos dirigimos también es un buen punto de partida. Haciendo frases cortas y usando un vocabulario simple pero sin perder nuestra autenticidad. Debes pensar más en cómo eres tú en realidad que en cómo debes sonar como madre, padre o profe.

Debemos tener presentes que, dependiendo de lo que queramos conseguir con la infancia, tendremos que utilizar un tipo de comunicación u otro. Me explico, si lo que pretendo es que me obedezcan, la manera más rápida de conseguirlo es con una actitud autoritaria, imponiendo el miedo en la relación. Pero si estas leyendo esto, estoy segura que uno de tus objetivos es encontrar el equilibrio entre el autoritarismo y la permisividad, es decir, conseguir herramientas para establecer una relación democrática. Y para ello, es imprescindible que tengas claros cuales son los valores que quieres perseguir. Esas palabras te guiarán por bandera tus actos a partir de ahora. Por ejemplo, si uno de tus valores es el respeto, no pueden salir de tu boca frases como “eres un bruto, ¿es que no sabes comportante de otra forma cuando hay niños más pequeños?”. Y ¿cómo evitar soltar estos patrones que tenemos tan interiorizados? Adquiriendo nuevos recursos y practicándolos en los momentos más fáciles (con menos carga emocional).

(Si quieres saber más lee hasta el final, ahora quiero centrarme en el hecho de escuchar)

Entonces, para poder comunicarnos con la infancia (aunque podríamos decir, para poder comunicarnos a secas) es fundamental:

  1. Saber escuchar
  2. Aprender a comunicarnos en positivo, de un modo claro, sincero y sin herir (asertividad)
  3. Eliminar toda violencia de la comunicación (digo esto porque como profes o madres/padres estamos en una posición de superioridad, de autoridad, y es fácil que nos salgan tonos que no queremos utilizar)

Para hacer un acompañamiento respetuoso debemos practicar lo que llamamos la escucha activa. Podríamos definirlo como el esfuerzo físico y mental de querer comprender todo lo que la otra persona intenta trasmitirnos y no quedarnos únicamente en las palabras.

Este concepto está cargado de nueva información. Nos invita, por un lado a aprender a escucharnos a nosotras mismas y a nuestras reacciones, tomando conciencia de que muchas de nuestras respuestas no son auténticas si no que se manifiestan en base a las experiencias que llevamos en la mochila. Una muestra clara de ello es que luego nos arrepentimos. Por eso siempre repito: le respuesta natural, impulsiva, no es la de tu ser auténtico.

Por eso, cuando alguien dice algo que choca fuertemente con nuestra manera de pensar o de sentir, desencadena una emoción que nos impide ver qué hay detrás de ese mensaje. Por eso un buen paso para avanzar en la comprensión es desidentificarnos de nuestros pensamientos e ideas, para comprender que esa persona no nos está atacando a nosotras. Comprender que no somos nuestras emociones, ni nuestras conductas (y que la otra persona tampoco lo es) si no que en esencia somos algo mucho más puro, nos libera y relaja a la hora de poder empatizar y acercarnos, con más facilidad, a nuestros/as peques. Y, con una posición de humildad, dar un paso atrás reconociendo que lo que pensamos no tiene que ser la única verdad.

Si sientes que lo que te cuento te resuena y que necesitas herramientas para ponerlo en práctica contáctame y no te pierdas el Módulo 4: Comunicación efectiva y consciente con la infancia que encontrarás en el Campus Virtual TFN

Este módulo está especialmente diseñado para mejorar nuestra capacidad de hablar y escuchar disminuyendo así los conflictos, “rabietas” y disputas innecesarias.

Contiene las estrategias necesarias para favorece una mayor comunicación interior al ayudarnos a transformar los mensajes internos negativos en sentimientos y necesidades.

En este módulo seguiremos un proceso de comprensión desde nuestros condicionamientos culturales y nuestras motivaciones para mejorar nuestra comunicación con los niños y niñas de nuestro entorno.

Por lo que se convierte en la herramienta ideal para adquirir los recursos que necesitas para escuchar y que te escuchen, expresarte y que se expresen desde el amor que os une.

Estoy encantada de acompañarte en este precioso camino.

también puede interesarte releer el artículo: Cómo comunicarse con niños y niñas hasta los tres años

 

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