Desarrollo psicomotor: la expresividad motriz – un modelo de intervención en la etapa infantil. (Parte 2:metodología y sesión, tiempos y espacios)

Written by Transformandonos

 

Este es elsegundo artículo de una serie centrada en el desarrollo psicomotor desde una perspectiva global que hace referencia al cuerpo del niño, su afectividad y su inteligencia. Vienen de la mano de Miguel Ángel Domínguez Sevillano, psicomotricista especialista en práctica psicomotriz Aucouturier, profesor titular de la UPV/ EHU Universidad del País Vasco, y formador y cofundador, junto con Bernard Aucouturier, de la Escuela Internacional Aucouturier ,EIA.
 Veremos cómo, desde esta globalidad, se crean espacios donde la infancia pueda expresarse en una actividad libre espontánea, acompañado por el educador/a, con la intención de respetar su proceso madurativo desde el nacimiento hasta los 7/8 años entendiéndolo como un recorrido que se extiende del placer de hacer al placer de pensar.
¡Vamos allá!

¿Qué pedagogía-metodología utilizar?

Nos situamos en el marco de la pedagogía no directiva (que no es sino otra manera de dirigir). Podemos, debemos estar atentos a las manifestaciones de los niños, ser sensibles a sus logros y producciones; interactuamos, orientamos, facilitamos, canalizamos pero no dirigimos. Elaboramos estrategias que permitan al niño en un proceso activo a apropiarse de su propia experiencia.

Con el objeto de favorecer los objetivos mencionados, la sala de psicomotricidad está estructurada según un dispositivo: un dispositivo espacial y un dispositivo temporal; este dispositivo posibilita un itinerario de maduración global para el niño (maduración motriz, afectiva y cognitiva).  En la sala existen dos espacios; un lugar para la expresividad motriz del niño, un lugar para la acción, para jugar y un segundo lugar bien delimitado para la expresividad plástica y gráfica; por lo tanto dos lugares: he aquí la distribución del espacio. Los niños serán invitados a pasar de un espacio a otro; se produce así un tránsito del placer de jugar con su cuerpo al placer de simbolizar con la construcción, pintura, modelado, etc. lo cual ayuda al niño a pasar a diferentes niveles de simbolización que van del cuerpo al lenguaje. Este pasaje del acto al pensamiento favorece el psiquismo del niño, teniendo en cuenta que este pasaje se efectúa en una hora de tiempo produciéndose una concentración en la evolución del niño que es muy estimulante para él, y le lleva progresivamente a ponerse a distancia de su implicación emocional, lo cual le ayuda a descentrarse, todo ello en un área de juego.

 El dispositivo temporal se distribuye en tres tiempos: el tiempo de la expresividad motriz, el tiempo de una historia (un cuento que contamos a los niños) y un tercer tiempo que es el momento de la simbolización por intermedio del grafismo, la construcción, el modelado, etc.

La sesión de práctica psicomotriz

Hemos convenido en que existen dos espacios y tres tiempos. Estas secuencias espacios-temporales serían como fases sucesivas que el niño va a experimentar en el proceso de la sesión; ésta se inicia con un ritual de entrada; se les recibe, se les llama por su nombre y se les recuerda unas normas elementales como el no hacer daño, respetar el material; también se puede recordar secuencias de sesiones anteriores, anunciar novedades o escuchar algún acontecimiento que los niños quieran contar.

Primer tiempo: La fase de la expresividad motriz

El primer tiempo de la sesión se corresponde con el espacio o fase de la expresividad motriz.  La expresividad motriz del sujeto implica y se corresponde con unas manifestaciones particulares en función de su historia personal, su biografía, la edad, el ambiente, etc. En un primer momento la vivencia del niño no es plenamente sensorio-motriz. Cuando es bebé, su juego lo podríamos denominar tónico-emocional, un juego global que el niño experimenta con diferentes matices. Son juegos preverbales: cogerse, agarrarse, abrir-cerrar, llenar-vaciar, entrar-salir, aparecer-desaparecer; juegos que podríamos determinar como una de las primeras organizaciones lógicas de los objetos, es un primer proceso dialéctico entre apego, fusión y exploración, aventura y conquista.

Cuando progresivamente se sumerja en la conquista del mundo exterior aparece el placer sensorio-motor. Con unas condiciones materiales adecuadas el niño, en situación de libertad, emprenderá actividades tales como el salto, carrera, giros, caídas, equilibrios, escaladas, etc. Este placer es la expresión de la unidad de la personalidad del niño, puesto que crea la unión entre las sensaciones corporales y los estados tónicoemocionales, y permite el establecimiento de la globalidad.  Aparece también el “jugar como si” de Piaget; su función consiste en satisfacer el “yo” merced a una transformación de lo real en función de los deseos  del niño. Transforma la realidad; revive todos sus placeres o conflictos, resolviéndolos y sobre todo compensa y complementa la realidad mediante la ficción. Al jugar, el niño domina la realidad por la que se ve continuamente dominado. Los animales y monstruos que le fascinan y asustan se convierten en sumisas criaturas merced a su fantasía. Se convierte en oso, un guerrero Ninja, en papá protector,… Constatamos frecuentemente la omnipotencia del juego: el niño se identifica con personajes excepcionales y poderosos, como Superman, o el héroe de moda en la televisión.

Del placer de hacer

Con estos juegos el niño aprende de manera creativa a encontrar su compromiso entre lo que exigen sus deseos y sus necesidades, y lo que ofrece la realidad.  A las actividades mencionadas se les unen otras muchas tales como: perseguir, ser perseguido, envolverse, esconderse, transformar el espacio y el material, empujar, alejar, rotar, dar volteretas, taparse, construir y un largo etc.

Segundo tiempo: La fase de la historia-del cuento

El cuento, como un juego dramático y del lenguaje se cuenta en un lugar preestablecido donde los niños, sentados lo escucharán. La narración permite al educador hacer relaciones con la evolución y maduración del grupo, quizás con la sesión del propio día. Los niños, con el cuerpo parado, crearán imágenes a partir de su escucha.  El cuento que se narra se va a construir a partir de dos parámetros que existen en todas las historias que se cuentan: el primer parámetro es el del miedo, la angustia de ser devorado, capturado, perseguido, encerrado, abandonado; el segundo parámetro es la aparición del héroe, con el que se identifican todos los niños, y que éste salga victorioso de su encuentro con el agresor (lobo, bruja, fantasma).  Es a partir de estos dos parámetros como se va a elaborar la historia; el héroe va a encontrar recursos para evitar ser destruido.

El placer de contar, el placer de escuchar, la curiosidad el misterio, las imágenes mentales…

Estamos en la vía de procurar seguridad a los niños a través del lenguaje, facilitando una tranquilidad, ayudando a enriquecer su psiquismo y alimentando su pensamiento. (Es interesante observar como los niños demandan cuentos que den miedo).También es motivo de observación el constatar las diferencias que existen en la expresividad motriz de los niños durante el relato del cuento.  Hay niños que escuchan la historia con una atención continua; están en el proceso de descentración, otros que no están en dicho proceso gesticulan, gritan, interrumpen; otros se acercan al educador porque les sobrepasa la emoción o simplemente no escuchan.  Finalmente indicar que es un elemento pedagógico fundamental el ajuste al grupo en la narración de historias, es decir, que puedan sentir el placer de tener miedo, pero no sobrepasar nunca cierto umbral en la intensidad del miedo.

 Tercer tiempo: La fase de la expresividad plástica y gráfica

Este tercer tiempo se corresponde con el segundo espacio, un segundo lugar que estará muy bien delimitado; desde el punto de vista didáctico presupone un espacio donde hay material de construcción, de dibujo, de pintura y de modelado.  En este lugar, al igual que en la fase de expresividad motriz, la actividad a desarrollar es libre. Si buscamos que el niño simbolice y acceda a la descentración se ha de producir un clima creativo en que cada niño o grupo de niños, si la representación es colectiva posibilite que emerja aquello que el niño quiere expresar.  Es ésta una actividad lúdica en la que el niño detiene el movimiento y se caracteriza por el manteniendo de la atención y un cierto grado de concentración.

En las construcciones se evidencia un proceso madurativo en el que los niños, según la edad, van evolucionando en su capacidad de crear estructuras: alinear, agrupar piezas iguales, alternancia en la horizontalidad y verticalidad, la simetría, etc.  En el dibujo se nos hace evidente lo ya conocido: si éste es de carácter libre y no responde a un modelo a imitar, el niño proyecta en él su historia afectiva. Se observa una progresión: trazos, puntos, formas circulares sin cerrarse y luego cerradas, hasta la perspectiva.  Desde una visión general diríamos que el niño va descubriendo aspectos lógicoconceptuales como formas, sucesión, tamaño, altura, seriación y volumen.

La transformación exterior propicia la transformación interior.

Ritual de salida 

Tal como el propio encabezamiento indica es un protocolo en el que se reagrupa a los niños y les sitúa en una “rutina necesaria” en la que ellos perciben que la sesión ha finalizado. Es un tiempo en el que los niños pueden hablar de algún episodio de la sesión, o pueden contar individualmente o en grupo en qué consiste lo que han modelado, construido o pintado.

 

 

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