Mi experiencia en una escuela activa (Papoula III)

Written by Transformandonos

Este es el último post con el que queda completada la trilogía de mi experiencia en una escuela activa. Puedes ver el 1 aquí y el 2 aquí. Espero de corazón que te sirvan de inspiración.

Otro aspecto que teníamos muy en cuenta es que para que un aprendizaje tuviera un sentido real, significativo para cada persona, debía ser útil para la vida. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado en nuestra vida escolar para qué me iba a servir esto que estaba estudiando con tanto esfuerzo? “Ahora no lo ves, pero cuando seas mayor lo entenderás” En mi caso, todavía no lo he entendido.

Cuando realizábamos actividades-servicio, es decir, acciones que tienen una repercusión para la sociedad, sea en mayor o menor medida, los niños y las niñas se sentían capaces, válidos/as y reconocidos/as. Ese es el mayor aprendizaje, más que el resultado final de las estanterías que estábamos pintando.

Papoula no hubiera sido lo que fue sin las familias que la formaban. Familias implicadas en la educación de sus peques y en el proyecto. Cada una a su nivel y organizadas por comisiones de trabajo. Desde la limpieza hasta la difusión del proyecto, compartir sus saberes o acompañarnos en las salidas. Todas funcionando como motor de la escuela.

A continuación tu muestro el testimonio que una madre dejó en Facebook en su día. Prefiero no comentarlo y que saques tus propias conclusiones. Espero tus comentarios: “LO QUE REFLEJA JUGAR A SER PROFE.

 Mi hija de 3 años ha empezado este curso a ir a Papoula. Toda la familia teníamos claro que era el sitio ideal para ella, y aunque su padre y yo no teníamos prisa, entre todos hablamos y acordamos que era el momento de empezar. Ella va muy contenta, y ni un solo día ha dicho que no quiera ir (toda una suerte que esperamos que no cambie) Esto ya es un indicador para nosotros de que efectivamente era el sitio perfecto para ella.¿Pero qué es lo que, como madre, me ha proporcionado una tranquilidad tan plena, (de esa que te hace soltar un suspiro de alivio), de que no puede estar en otro sitio mejor….?

 Mi hija ayer por la tarde se puso a jugar a que era “la profesora”. Hablaba a sus muñecos con tanta dulzura, con tanto cariño y amor, que fue realmente precioso. Utilizaba frases como: “¿No puedes? Bueno, pues no te preocupes. Si necesitas, te ayudo”. O “Qué te apetece hacer?” o “¿no quieres hacer la actividad?” pues vamos a ver qué quieres hacer” o otros tantos ejemplos en los que para mi subyace lo más importante: el respeto hacia el “ser” de cada cual, el papel activo del niñ@ en su proceso de aprendizaje, el trato respetuoso y afectivo…

 Yo siempre he trabajado con la infancia, y hace unos años trabajé en un comedor escolar con niñ@s de tres años. Después de comer, en el patio, jugábamos a profes. Bueno, solo jugamos una vez porque no pude soportarlo. Las frases de estos peques eran (gritando y de malos modos, claro) “anda, ponte en esa esquina, que pareces un florero” o “NO, lo has dicho mal, eres un tonto, no sabes nada” o “toma tu mochila (y te la lanzaban para que la cogieras)”… Me dolió realmente. Me dio mucha pena que el concepto de jugar a “profes” para un@s niñ@s de tres años fuera ese. Y lo peor de todo: era su realidad, su profe era así… 

 Afortunadamente, sé que no todo el sector docente es así, ni muchísimo menos. Hay grandísimos profesionales que hacen una labor encomiable. El problema como familia es que no puedes elegir. No puedes saber realmente (sobre todo en colegios grandes) cómo es la profe o el profe que va a pasar tantas horas con tu hija. Generalmente, el papel de las familias se limita de puertas para fuera. Lo bueno de Papoula (y en ocasiones también lo malo) es que las familias tenemos implicación total, y las puertas siempre están abiertas para compartir y comprender cómo se producen los procesos de aprendizaje de nuestr@s hij@s.

 Y soy consciente de que Papoula no es perfecto, nada lo es. No es un lugar idílico, donde los niños van flotando entre nubes rosas y flores de caramelo (por suerte jeje 😉 Nada es perfecto, pero para nuestra familia Papoula se acerca mucho. Y sobretodo, todas las maravillosas personas que forman este proyecto, especialmente Cristina Antoñanzas Cazador y Polly Henderson.

 Si no le has dado importancia a este juego, te recomiendo que lo hagas. No que juegues con ell@s a profes, si no que observes y escuches como tu hij@ “es profe”: el tono de voz que usa, el tipo de expresiones, el contacto físico o no con los muñecos… Por lo menos, siempre es interesante que hagamos una reflexión sobre esto. Y también si eres docente, que reflexiones sobre esos aspectos. 

 Un abrazo a tod@s l@s que me habéis leído. Me encantaría que compartáis tambien vustras experiencias en este sentido”

Sin duda este recorrido no fue fácil, no pretendo lanzar un mensaje equivocado de una escuela de color de rosa. Pero lo que tengo claro es que fue un recorrido de aprendizajes para todos sus componentes (pequeños y grandes). Esta imagen es muy representativa de ello y me sirve de metáfora. El concepto de peligros activos fue acuñado por Rebeca Wild para explicar la diferencia entre riesgos y peligros reales. Esta pared que empezaron a escalar los peques sin cesar, fue para mí un gran reto, me aterraba y comencé a acompañarles con la mano a 10cm de su espalda, con la desconfianza que eso trasmite. Con el tiempo aprendí a verlo de otro modo, a confiar en sus capacidades y la pequeña pared se convirtió en una ligera cuesta de tanto usarla.

Para que existiera una coherencia entre lo que pasaba en casa y en la escuela, pedíamos a las familias que vinieran a observar al espacio al menos una vez en el curso escolar. Ofrecíamos formaciones conjuntas con familias y acompañantes (y personas externas al proyecto). Pero una herramienta que nos resultó realmente positiva fue la biblioteca para adultos/as, lugar donde poníamos en común los libros de pedagogía activa que íbamos adquiriendo y que pusimos al servicio de la comunidad.

Las había de todos los tipos: organizativas, de acompañamiento, de coordinación, de cuidarnos… La verdad es que estas últimas fueron las que más nos costaba realizar y eso nos pasó factura. Las asambleas constituyeron los momentos de aprendizaje de vida en colectivo, creyendo en otra forma de organización social asamblearia y autogestionada.

Cada año realizábamos unas jornadas sobre educación libre para acercar este tipo de pedagogía a la sociedad a través de charlas y talleres. Realizamos 4 ediciones en las que nos visitó gente de toda España tanto como ponentes como oyentes.

¿Por qué se disuelven estos proyectos? Voy a enunciar algunos de los problemas que vivimos en Papoula y que en mi experiencia he visto que se repiten en proyectos similares. Ojalá sirvan de guía a tener en cuenta para otros proyectos.

  1. Pretendemos con los niños y niñas valores que no están desarrollados en las personas adultas, tales como el autocontrol, respeto profundo, trabajo asambleario, trabajo en grupo y colaborativo.
  2. Precariedad laboral: las dificultades económicas de estos proyectos hacen que sea costoso mantener unas condiciones laborables dignas.
  3. Niveles de exigencia laboral muy altos: pueden ser causa de una mala distribución de las tareas. Por estar formado por un grupo humano muy pequeño, todas las competencias recaen sobre las mismas personas, haciendo que las jornadas laborales se alarguen en exceso. Además las expectativas en el proyecto son tan altas que se exigen cosas que en la escuela tradicional ni se plantearían, porque se delega en la institución.
  4. Los principios del proyecto chocan con intereses familiares: cuando los proyectos son horizontales y asamblearios surge la dificultad de ir todos/as a una a por los principios básicos porque siempre se dan momentos en que los intereses familiares y personales se entremezclan.
  5. Dificultades legales: dan inestabilidad al proyecto por la situación de indefensión y ataque en las que se encuentran algunas familias, y por el sobreesfuerzo que hay que dedicar a la homologación.
  6. Todo esto quita tiempo a los imprescindibles de preparación de espacios, reflexionar sobre su utilidad, limpieza, orden, rotación, preparación de materiales. Todo ello compaginado con reflexión personal y asambleas.
  7. Estar tan volcados en sacar adelante un proyecto tan grande y hermoso nos hizo dejar de lado el cuidado de las personas que lo conformábamos. Sin duda, este fue muy gran aprendizaje CUIDARNOS PARA CUIDAR.

Papoula fue un referente a nivel nacional. Muchas familias, docentes y escuelas nos visitaron y quisieron conocer la experiencia. A nivel local, se abrió una ventana a otro tipo de educación y cada vez son más las familias que buscan tener una relación con sus criaturas de amor y respeto mutuo. A nivel personal… tantos aprendizajes personales y profesionales… Gracias a Papoula cambié el rumbo de mi vida.

GRACIAS

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.