Mi experiencia en una escuela activa (Papoula I)

Written by Transformandonos

Hace 7 años que fundamos Papoula, espacio de pedagogía libre de Soria, que estuvo funcionando durante 5 años de manera autogestionada. Toda una experiencia que me hizo crecer personal y profesionalmente. Vas conocer las entrañas de una escuela activa (como se organiza, los recursos clave, la distribución de espacios, las propuestas…)

Te voy a contar la historia de una escuela rural, Papoula. No quiero decirte que fue la mejor, ni que nuestra manera de hacer fue la válida o la única. Pero sé que conocerla a fondo te va a abrir las puertas a un nuevo paradigma educativo, a una nueva forma de relación con la infancia.

Papoula comenzó con un sistema de madres rotativas por el cual cada día los niños (por aquel entonces tres) acudían a la casa de uno de ellos. Preparaban diferentes actividades, paseaban, compartían su día a día. Pero cuando encontramos un espacio adecuado, una casita en un pueblo de Soria, que hacía las veces de ayuntamiento, comenzó la gran aventura.

Comenzamos por los espacios. No siempre estuvieron así. Como todo, fueron evolucionando, aumentando en recursos atendiendo a las necesidades que iban surgiendo. Siempre intentábamos que hubiera espacios para el trabajo en grupo e individual, en mesas o en el suelo, para que fueran ellos/as las que decidieran si trabajar en compañía o en soledad. También incluimos en cada espacio elementos para la autonomía (elementos de limpieza, vasos de agua, alzadores para llegar a los sitios más altos…). Todo distribuido por rincones de aprendizaje ya que el reducido espacio nos impedía crear muchos ambientes.

Después de tocar, vivir y sentir las matemáticas los niños y niñas de Papoula eran capaces de interiorizar, cada uno/a a su ritmo, los conceptos con mucha más facilidad. En este caso, buscando elemento del entorno que les acercaran a los nuevos conceptos de los cuerpos geométricos. En este rincón teníamos desde materiales no estructurados hasta la base 10 o la tabla perforada, tanto en infantil como en primaria. En su día cogimos el currículum oficial y reflexionamos sobre qué materiales manipulativos eran los más acertados para ir trabajando todos los contenidos. Los niños y niñas los podían coger cuando los necesitaran y otras veces eran  usados como propuestas. Y, por cierto, cuando decíamos: “vamos a hacer mates”, por ejemplo, solían saltar negativas. Pero cuando se lo planteábamos como un juego (que es lo que era en realidad) lo acogían con mucho gusto. Esto nos hacía reflexionar sobre cómo, en niños/as no escolarizados/as en el sistema convencional con anterioridad, se les trasmite, por parte de las personas adultas y sin querer hacerlo, de igual manera que las matemáticas son algo aburrido, difícil o costoso. Lo que nos hacía cuidar mucho nuestro lenguaje una vez más.

Era uno de mis preferidos, porque era una muestra viva de muchas de nuestras aventuras. En él podíamos encontrar todo tipo de elementos de la naturaleza que encontrábamos en nuestras salidas, con toda la riqueza que el medio rural nos ofrecía. Plumas, cuernos, huesos, plantas, minerales… y también otras muchos elementos que nos donaban o prestaban, como una colección de insectos, fósiles… En el mismo rincón, siempre estaban a mano todo tipo de utensilios para investigar sobre ellos (lupas, pinzas, microscopio…), libros informativos donde conseguir información adicional y diferentes retos o propuestas que incitaban a la investigación. Sin duda, la mejor muestra de aprender explorando e investigando.

Siguiendo la pedagogia montessori dedicábamos un espacio a todo lo relacionado con la geografía, historia, sociedad, religiones… Muchos de los materiales de esta sección eran comprados, pero también realizábamos muchos de ellos. Las familias estaban implicadas (entre otras cosas) en hacer material para disminuir el coste en material. Así que muchos de los mapas, líneas del tiempo o retos de este rincón de aprendizaje eran de elaboración propia. Una vez más, los libros informativos tenían un gran valor a la hora de ampliar información sobre estas temáticas. Los niños y niñas solían acudir a este espacio porque lo necesitaban para completar sus proyectos personales o atraídos por las presentaciones Montessori, historias contadas y representadas con material adicional. Toda una ventana al mundo donde incluíamos un tablón de noticias que recogían los descubrimientos más novedosos sobre estos temas que encontrábamos en los periódicos o revistas.

Al igual que ocurría en el rincón de lógico-matemática, en este espacio se encontraban los materiales que les eran útiles en algún momento para avanzar en su proceso de aprendizaje autónomo. Por ejemplo, veo en un libro una letra que todavía no identifico y recurro a los carteles de alfabetos de diferentes tipologías para reconocerla o a las cajas de fonemas a ver si me dan claves. Les dimos la vuelta a los libros de grafomotricidad y lectoescritura convencionales y de ellos creamos múltiples recursos manipulativos. Como digo, les tenían que resultar ÚTILES porque si no, carecen de atractivo para ellos/as. En ocasiones, presentábamos provocaciones que les resultaran atrayentes, como mensajes cifrados sobre los que investigar… Otro aspecto importante para la lectoescritura y que quizás significara uno de los mejores recursos era el apoyo entre compañeros/as de diferentes edades que les leían algo que no comprendían o que les ayudaban a escribir algo en concreto. Es un lujo poder trabajar con un grupo multi-edad (aunque a priori pueda parecer más costoso). Y sobre todo, teníamos en cuenta no forzar ningún proceso y poder aprovechar los momentos de más apertura e interés de los niños y niñas hacia la lectoescritura.

Contábamos con una gran sala para infantil y otra para primaria (aunque no siempre estuvo distribuida así) pero en la parte de arriba teníamos otra habitación que aprovechábamos para otras propuestas como la máquina de coser, experimentos, desmontaje de aparatos electrónicos, música… Una sala realmente polivalente a pesar de su pequeño tamaño que nos sirvió hasta para mantener las distancias en los momentos complicados y poner espacio de por medio. Así que también introdujimos materiales muy diversos para trabajar la inteligencia emocional.

Otro espacio que llegó con el tiempo. Nos hicimos con las herramientas reales apropiadas para su tamaño y seguridad,  y, cuando surgía una idea de construcción, alguien proponía ir esa mañana a la sala de carpintería. Estaba al otro lado del edificio por lo que había que hacer una planificación previa para ver si era posible acudir cuando se deseaba. Diseño y desarrollo de ideas, pero también planificación y organización, tanto del tiempo como del material, con el grupo. Aprendizajes imprescindibles para la vida.

He aquí un espacio estrella: la guarida. Un hueco debajo de la escalera, con un solo colchón de cuna, una lamparita y, en ocasiones, una muñeca. Un lugar para que los niños y niñas tuvieran su espacio cuando lo necesitaran, esos momentos en los que necesitas estar solo/a o calmarte o desahogarte. Todo un recurso para la inteligencia emocional que también fue usado para muchos otros juegos y que sin duda fue uno de los preferidos para los y las peques.

Siempre tuvimos muy presente el concepto de educación expandida, comprendiendo que el aprendizaje no se da únicamente dentro de las cuatro paredes del aula, si no que se aprende en cada momento y lugar. Además, sabiendo la importancia que tiene jugar al aire libre intentábamos cuidar mucho los espacios de exterior. Siempre nos sentimos privilegiadas por estar en ese enclave rural, con un riachuelo a los pies de la escuela (creaba fascinación y grandes proyectos de trabajo), árboles, prados… naturaleza viva día a día. Por lo que creamos espacios de juego “en el patio” de la escuela: una casita en un árbol, un escenario entre árboles, y en la parte baja, un recorrido de psicomotricidad para trepar, columpiarte, agacharte…

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